La flor de cerezo (sakura) simboliza la belleza efímera de la vida, la renovación y el renacimiento espiritual. En Japón, se celebra el hanami, un ritual donde las personas se reúnen bajo los cerezos en flor para apreciar su belleza y reflexionar sobre la fugacidad de la vida. Además, sakura está asociada con la pureza, la feminidad y la resiliencia, recordando que la vida, aunque hermosa, es breve y debe vivirse con honor. Este símbolo también tiene un
profundo significado cultural y espiritual, representando la naturaleza cíclica de la existencia y el ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento.

En Mallorca, el almendro que florece en pleno invierno, nos transporta al antiguo Japón y sus simbolismos, encontrando paralelismos estéticos y filosóficos.

Sus flores blancas

Serán mi adorno

En la montaña

Bashō

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