REGALOS DE LA NATURALEZA

A menudo iba solo. A veces, perdido en el asombro, me adentraba bien profundo en los bosques, y me imaginaba que era Mowgli, el personaje de Rudyard Kipling, el niño criado por los lobos, así que me quitaba casi toda la ropa para la subida. Si subía hasta la altura suficiente, las ramas se hacían más finas hasta el punto de que, si soplaba el viento, el mundo se inclinaba hacia abajo y luego hacia arriba. Daba miedo y resultaba maravilloso rendirse al poder del viento. Mis sentidos se llenaban con la sensación de caer, de subir, de columpiarse; en torno a mí las hojas se partían como dedos y el viento llegaba en suspiros y en roncos susurros. El viento también traía olores, y el propio árbol desde luego soltaba sus perfumes más rápido cuando soplaban las ráfagas. Por último, quedaba solo el viento que se movía entre todas las cosas.
Ahora, cuando los días de subirme a los árboles pasaron hace mucho, pienso a menudo en el valor duradero de aquellos primeros días de dulce vagancia. He llegado a apreciar la amplia vista que ofrecían las copas de aquellos árboles. La naturaleza me calmaba, me centraba y al tiempo excitaba mis sentidos.
Los últimos niños en el bosque. Richard Louv.

2020-01-13T12:54:07+00:00 enero 13th, 2020|

BIBLIOTECA: CONEXIÓN CON LA VIDA

Os presentamos una selección de los textos que inspiran el equipo de Sa Llavor y comparten en las reuniones semanales como parte de su camino pedagógico.

Fragmento extraído del libro “Un nuevo mundo ahora” de Eckhart Tolle.
La belleza de una flor pudo arrojar un breve destello de luz sobre la parte esencial más profunda del ser humano, su verdadera naturaleza. El momento en que se reconoció por primera vez la belleza fue uno de los más significativos de la evolución de la conciencia humana. Los sentimientos de alegría y amor están íntimamente ligados con ese reconocimiento. Sin que nos diéramos cuenta, las flores se convertirían en una forma de expresión muy elevada y sagrada que moraría dentro de nosotros pero que no tendría forma. Las flores, con su vida más efímera, etérea y delicada que la de las plantas de las cuales nacieron, se convertirían en especie de mensajeras de otro plano, un puente entre el mundo de las formas físicas y de lo informe. Su aroma no solamente era delicado y agradable para los sentidos, sino que traía una fragancia desde el plano del espíritu. Si utilizamos la palabra «iluminación» en un sentido más amplio del aceptado convencionalmente, podríamos pensar que las flores constituyen la iluminación de las plantas. Cualquiera de las formas de vida de los distintos reinos (mineral, vegetal, animal o humano) pasa por la «iluminación». Sin embargo, es algo que sucede muy rara vez puesto que es más que un paso en la evolución: también implica una discontinuidad de su desarrollo, un salto hacia un nivel completamente diferente del Ser, acompañado, en lo que es más importante, de una disminución de la materialidad. ¿Qué podría ser más denso e impenetrable que una roca, la más densa de todas las formas? No obstante, algunas rocas sufren cambios en su estructura molecular, convirtiéndose en cristales para dar paso a la luz. Algunos carbones se convierten en diamantes bajo condiciones inconcebibles de calor y de presión, mientras que algunos minerales pesados se convierten en piedras preciosas. La mayoría de los reptiles rastreros, los más íntimamente unidos a la tierra, han permanecido iguales durante millones de años. Sin embargo, algunos otros desarrollaron plumas y alas para convertirse en aves, desafiando la fuerza de la gravedad que los había mantenido sujetos al suelo durante tanto tiempo. No aprendieron a reptar o a andar mejor, sino que trascendieron totalmente esos dos pasos. Desde tiempos inmemoriales, las flores, los cristales, las piedras preciosas y las aves han tenido un significado especial para el espíritu humano. Al igual que todas las formas de vida, son, lógicamente, manifestaciones temporales de la Vida y la Conciencia.

2020-01-13T12:49:53+00:00 enero 13th, 2020|