Víctor MardaRas,
Profesor de Arte
El proceso artístico tuvo como eje la relación entre la geografía y el arte, entendiendo ambos campos como lenguajes complementarios para comprender y representar el mundo.
A partir del estudio de distintas tradiciones artísticas, los alumnos exploraron cómo los paisajes, los materiales y las concepciones estéticas reflejan la manera en que cada cultura habita su territorio.
El proceso se inició con una indagación sobre las características del arte europeo, abordando los principales movimientos pictóricos y su vinculación con los contextos geográficos, desde la perspectiva del naturalismo renacentista hasta las visiones más subjetivas del arte moderno.
Posteriormente, el foco se trasladó hacia Oriente, con especial atención en la pintura tradicional china y su profundo vínculo con la naturaleza.
Se estudiaron los fundamentos de la creación de paisajes tradicionales y las bases filosóficas y
estéticas del sumi-e —la pintura a tinta— comprendiendo que, en esta práctica, el paisaje no se representa como un objeto externo, sino como una manifestación del espíritu y la armonía entre el ser humano y su entorno.
Los estudiantes realizaron ejercicios de pintura con tinta y pincel, explorando la fluidez del trazo, la economía del gesto y la respiración como parte del proceso creativo.
A través de la representación del bambú, el crisantemo y los llamados “Cuatro Caballeros Nobles” del sumi-e, los alumnos descubrieron que cada elemento de la naturaleza encarna valores humanos —resistencia, humildad, perseverancia, integridad— y que la pintura puede ser una práctica de contemplación y equilibrio interior.
Las obras se exponen en una muestra colectiva, acompañadas de reflexiones personales sobre el vínculo entre geografía, cultura y arte.
A través del diálogo entre Oriente y Occidente, cada trazo —como cada territorio—es una forma de habitar y comprender el mundo.