ENTREVISTA A ARÁNZAZU PLAZA

«La naturaleza es una medicina»

Aránzazu Plaza es orientadora y terapeuta especializada en dificultades de aprendizaje, de integración y de conducta, formada en INPP para el abordaje de la Inmadurez Neuromotora, formada en Pedagogía Waldorf, Pedagogía de Apoyo Waldorf y Pedagogía Waldorf de Emergencia y del Trauma, formada en Pedagogía Pickler, Especialista Universitaria en Terapia Familiar Sistémica, Educadora Social, Antropóloga, formada en terapias humanistas, Eneagrama y Gestalt, formadora de formadores, actualmente es parte del equipo docente de la formación en Pedagogía de Apoyo Waldorf de España y del equipo de formación de Madres de Día de la Casa Waldorf de Alicante, también es asesora pedagógica de varias escuelas vinculadas a la pedagogía Waldorf. Este curso ha empezado su colaboración con la Fundació Sa Llavor.

Pregunta: ¿Cuándo empezaste a interesarte por el mundo de la pedagogía?
Aránzazu: Desde que iba al colegio. Me encantaba asistir a clase. En verano yo era de las que deseaba que llegasen las clases.
¿Fuiste a una escuela Waldorf?
No, estudié EGB en los años 70 y el currículum era bastante amable con la infancia. En el sentido que hacíamos muchas cosas con las manos: tejíamos, construíamos circuitos electrónicos, dibujábamos, pintábamos y en el patio jugábamos con tierra, palos, piedras, agua, barro… Ahora la mayor parte de los patios de los colegios o de los parques están asfaltados.
¿Y tu vena social? ¿cuándo se despertó?
En sexto me cambié a un colegio religioso. Entonces decidí que quería ser misionera. Cuando no jugaba a dar clases, jugaba a ayudar a los demás.
¿Cuáles eran tus asignaturas favoritas?
Matemáticas y filosofía. Estaba empeñada en que iba a ser maestra de una de las dos cosas. Entonces, en COU, fui a ver un orientador de la escuela, que en realidad me desorientó. ¿Cómo te vas a meter a dar clases con tus notas? Tú vas a ser ingeniera. Pero yo no quería ser ingeniera, yo quería dar clases.
Tenías clarísima tu vocación…
Sí, pero él me dijo, si estudias ingeniería podrás dar clases de matemáticas, de física, de dibujo… Entonces me metí en ingeniería de telecomunicaciones. Pero me vino la crisis de los dieciocho años…
¿Y qué sucedió?
Yo siempre hice voluntariado, y en esos momentos estaba en una barriada enseñando a leer y a escribir a hombres gitanos que querían sacarse el carné de conducir. Ahí me empezó a tirar mucho lo social. Dejé la ingeniería y me puse a estudiar trabajo social, pero siempre con una vocación muy de educadora.
¿Cómo llegaste a la pedagogía Waldorf?
Un día una amiga me dijo: tú tienes que formarte en pedagogía Waldorf, porque tú ya eres pedagoga Waldorf y no lo sabes. Y eso es lo que hice. Estudié la pedagogía Waldorf para profesores. La experiencia en aula estuvo bien pero yo lo que realmente quería era llevar la pedagogía Waldorf a niñas y a niños con dificultades o que no tuviesen acceso a ella. Entonces hice la formación de apoyo Waldorf y ahí me encontré como pez en el agua.
Y descubriste el INPP (Instituto de Psicología Neuro-Fisiológica)…
Una de mis profesoras de pedagogía de apoyo Waldorf fue Laura Pellico, directora del Instituto de Psicología Neurofisiológica. Una gran parte de la pedagogía de apoyo se basa en el desarrollo motriz. Pero a veces hay aspectos de inmadurez neurológica que interfieren en esa motricidad y ahí es donde entra la terapia de los reflejos. En el INPP encontré un método que respetaba el ritmo del niño, no era invasivo y era compatible con la pedagogía Waldorf.
En la educación actual se valora mucho el coeficiente intelectual, ¿no debería haber algo parecido al coeficiente corporal?
El arquetipo del ser humano tiene una formación tripartita: piensa, siente y actúa. Los tres tienen la misma importancia. Si damos más importancia a uno de ellos estamos educando en el desequilibrio con el perjuicio para el salud de la niña o del niño.
Nos olvidamos que el cuerpo está ahí…
El cuerpo es el lugar que habitamos y tiene memoria. También es una herramienta. A través del cuerpo nos comunicamos con el mundo. Si no consideramos el cuerpo estamos dejando de lado aquello que nos sitúa en el mundo. El problema de muchas niñas y niños está en que no han logrado habitar el cuerpo en su totalidad. Niñas y niños que dibujan personajes sin pies y sin manos porque no han logrado llegar a habitar las extremidades. Lo corporal no está desarrollado.
Y eso puede verse a través de los dibujos…
El dibujo expresa mucho, pero no por sí solo. Siempre hay que mirar cómo se mueven, cómo juegan, cómo miran, cómo hablan,… Yo, durante la valoración, en el proceso terapéutico, realizo una batería de ejercicios y de juegos muy extensa donde llega un momento en el que la percepción corporal que tiene la niña o el niño es muy real y entonces los dibujos expresan desde ahí.
¿Cómo se enfoca el proceso terapéutico con los niños?
Hay una pregunta inicial, que es un saludo: hola, quién eres tú, qué me quieres mostrar, qué necesitas y siempre pido permiso, siempre. Le hago saber que estoy aquí que si hay algo que quieras decirme aquí estoy para escucharte, para verte, para estar contigo y para acompañarte. Porque el proceso terapéutico es un acompañamiento. En realidad son las fuerzas propias del niño y su sistema familiar las que hacen todo. Yo soy un testigo.
Has hablado de la memoria del cuerpo… ¿qué importancia tiene el parto en el desarrollo del niño?
Enorme, más de lo que socialmente se considera. De hecho hay muchos casos con los que trabajo donde ha habido violencia obstétrica. El parto es un umbral, y como tal deja una huella corporal y anímica muy potente. Esa huella determina el vínculo con la vida. Más del 90% de niños que atiendo con problemas de aprendizaje han sufrido algún problema en el momento del embarazo, del parto o del postparto.
Muchos…
Sí. Entonces empecé a investigar. Los patrones primitivos de movimiento que se desarrollan en toda la etapa embrionaria y fetal necesitan el trabajo de parto para llegar a su máxima expresión y si eso no sucede, como puede ser por ejemplo en una cesárea, no se integran en el sistema neuromotor y no dan paso a movimientos más autónomos. Generalmente esos niños podrían necesitar una terapia para la integración de reflejos primitivos.
¿En qué consisten estos reflejos?
Los reflejos primitivos son movimientos automáticos que se dan en el proceso de desarrollo del bebé, como el reflejo de succión o el reflejo palmar… Tomemos este último, que consiste en que cuando algo presiona la palma de la mano del bebé, esta se cierra de manera automática. Si esto continúa estando más adelante y no se incorpora madurativamente puede traer problemas en los movimientos de la mano, la muñeca y los dedos a la hora de escribir o de agarrar el lápiz y también puede dificultar la psicomotricidad fina.
Y para que los bebés se desarrollen correctamente, ¿qué necesitan?
Emily Pickler descubrió que la naturaleza viene dotada y, si no hay obstaculizaciones, por sí sola desarrolla todo lo que traemos de manera natural. Lo mínimo y lo cotidiano es muy importante. Un bebé, si ha estado lo suficiente en el suelo, con un buen vínculo y un buen acompañamiento, querido, en un espacio físico y anímico seguro y con permiso y posibilidad para ser autónomo, desarrolla todas sus capacidades, mueve brazos, piernas, cuello, yergue la cabeza, se gira, repta, se sienta, gatea, se apoya para levantarse…
La fuerza de la gravedad de la que tanto hablas…
La fuerza de la gravedad es fundamental para desarrollar en este mundo la voluntad de estar vivos. Nacer es un acto de voluntad, empezar a erguirse es un acto de voluntad…toda nuestra vida es un acto de expresión frente a las fuerzas de la gravedad y de mayor densidad.
Entonces si un bebé se salta alguno de estos pasos… ¿tiene alguna consecuencia más adelante?
A veces hay otros factores que pueden ayudar a integrar eso que en su momento no se hizo: mediante el juego libre, un jardín Waldorf, un ámbito familiar respetuoso que ha permitido al niño columpiarse, treparse, o madres y padres que cuidan el tacto y hacen piel con piel con el bebé tras una cesárea… todo esto consigue resultados maravillosos. Sino, la terapia de reflejos puede hacer una gran aportación.
Hablemos de la relación de la niña o el niño con la naturaleza y de este miedo de los adultos a que los niños se suban a los árboles, se mojen con la lluvia, escalen rocas…
Yo recomiendo la naturaleza como una medicina. Se habla del síndrome de déficit de naturaleza. La naturaleza nos sana y nos ayuda a desarrollarnos.
Hay que subirse a los árboles, entonces.
El contacto con el agua sana, el contacto con la tierra, sana, el contacto con el aire, sana, el contacto con la luz, sana. Si no hay ese contacto se generan enfermedades. En nuestra época actual hay muchas enfermedades del sistema nervioso e inmune y esto está relacionado con este déficit de naturaleza. Subiendo árboles se desarrolla la destreza, el equilibrio, la fuerza y el tacto.
¿Qué importancia tiene el tacto?
El tacto es de vital importancia. Es cómo percibimos nuestros límites y los límites del mundo. Si eso no se ha desarrollado no es posible contactar con el otro ni desarrollar la empatía, la comunicación, la escucha activa… que es todo lo que estamos pidiendo a los adolescentes.
A lo mejor los adultos también deberíamos mirarnos a nosotros mismos…
En los tratamientos que yo hago siempre tengo en cuenta la familia. Yo no trabajo sólo con la niña o el niño. Nunca. Eso sería muy limitado. Los adultos tenemos heridas y cuando se es padre y madre salen a flor de piel. Si la crianza no atiende a eso, puede ser frustrante. Yo acompaño a las familias y acojo las infancias heridas que hay en los adultos.
Claro…
Hay mochilas que venimos trayendo de nuestros ancestros. Los niños pueden ser la voz de alarma de aquello que se ha ido transmitiendo de generación en generación.
Entonces un problema de aprendizaje puede ser una oportunidad para vaciar esa mochila…
Más que vaciar esa mochila el trabajo es el de acoger esa mochila. Abrirla, ver qué hay e ir acogiendo cada una de la cosas que hay en esa mochila, identificándola y nombrándola. Porque una vez las integramos, ya no pesan. Así podremos seguir adelante con nuestro camino de la crianza que necesita de toda nuestra energía posible.

2019-12-16T14:48:59+00:00 diciembre 13th, 2019|